Restaurarán Santa Felicitas, la iglesia de Barracas que guarda una trágica historia de amor Conexion Ciudad, 3 noviembre, 2026 El templo, inaugurado hace 150 años en memoria de Felicitas Guerrero, será inspeccionado por especialistas del Arzobispado porteño para determinar las obras necesarias. El edificio presenta filtraciones, grietas y daños estructurales que comprometen sectores de su patrimonio histórico. Todavía no hay presupuesto ni fecha de inicio de los trabajos. La iglesia Santa Felicitas, uno de los edificios religiosos más emblemáticos del barrio porteño de Barracas, será sometida a un proceso de recuperación después de décadas de deterioro. El Arzobispado de Buenos Aires anunció que realizará una inspección técnica para evaluar el estado del templo y establecer cuáles son las intervenciones necesarias para preservar su estructura y sus elementos artísticos. El anuncio llega en un momento especialmente significativo: el edificio cumplió 150 años desde su inauguración, el 30 de enero de 1876, y enfrenta problemas que van desde filtraciones de humedad y grietas hasta instalaciones eléctricas precarias y daños en construcciones anexas. La primera etapa consistirá en una recorrida de especialistas que permitirá determinar el alcance de los trabajos, identificar los sectores que presentan mayores riesgos y elaborar un presupuesto. Por el momento, no hay un cronograma definido para el comienzo de las obras. Vanesa Pedreira, integrante de la Comisión de Patrimonio Cultural Arquidiocesano, explicó que se analizarán las condiciones generales del edificio y las posibles soluciones para frenar su deterioro. Entre las tareas previstas se encuentran apuntalamientos, reparaciones parciales y el retiro de intervenciones anteriores que no resulten adecuadas para la conservación del inmueble. Una iglesia levantada por una historia trágica Santa Felicitas fue construida por iniciativa de los padres de Felicitas Guerrero, una joven perteneciente a una de las familias más acaudaladas de Buenos Aires durante el siglo XIX. Su historia quedó marcada por un episodio trágico: fue asesinada en 1872 por Enrique Ocampo, un pretendiente despechado que no aceptaba que ella hubiera rehecho su vida después de enviudar. Tras su muerte, sus padres, Martín de Álzaga y Felicitas Guerrero, impulsaron la construcción de un templo en su memoria. El proyecto estuvo a cargo del arquitecto Ernesto Bunge y dio lugar a una de las obras religiosas más singulares de la Ciudad. La iglesia fue inaugurada el 30 de enero de 1876 y conserva numerosos elementos originales de fines del siglo XIX. Entre sus piezas más destacadas se encuentran esculturas de mármol de Carrara y cerca de 30 vitrales realizados en Francia, que forman parte de su patrimonio artístico. El edificio también se distingue por la presencia de estatuas de personas laicas, una característica poco habitual en los templos porteños. Su valor histórico y arquitectónico llevó a que fuera declarado Monumento Histórico Nacional y reconocido como parte del patrimonio cultural de Buenos Aires. Filtraciones, grietas y daños en sectores ornamentales El paso del tiempo y la falta de recursos suficientes para un mantenimiento integral dejaron huellas visibles en el edificio. La humedad afectó sectores ornamentales y salas anexas, mientras que las grietas y los problemas estructurales también alcanzaron construcciones vinculadas con el templo. Uno de los espacios que presenta mayores señales de deterioro es el Oratorio de los Álzaga, ubicado junto a la iglesia, donde se detectaron grietas y signos de abandono. Carlos Peteira, rector de Santa Felicitas y capellán del Hospital Pedro de Elizalde, advirtió sobre las dificultades para sostener las tareas de conservación y explicó que buena parte de los arreglos menores se realizaron con recursos propios y con la colaboración de vecinos. La Comisión Nacional de Monumentos también llevó adelante un relevamiento para identificar los daños y establecer prioridades de intervención. Sin embargo, el organismo no cuenta con recursos para financiar las obras, por lo que la ejecución de los trabajos depende de otras fuentes de financiamiento. Reclamos que llevan más de una década La decisión de avanzar con una inspección técnica fue recibida con expectativa por familiares de Felicitas Guerrero y por integrantes de la comunidad que desde hace años reclaman una solución para preservar el templo. Marcelo J. Louge Juárez, casado con una descendiente de la familia Guerrero, agradeció que finalmente se ponga en marcha una instancia de recuperación y describió la situación del edificio como urgente. Según relató, lleva más de diez años gestionando alternativas para conseguir que se realicen las obras necesarias. También recordó que en 2019 se había anunciado un plan de recuperación con una inversión de 15 millones de pesos, pero aquella iniciativa nunca llegó a concretarse. La falta de avances durante ese período profundizó la preocupación por el estado del inmueble, que continúa siendo un punto de referencia histórico y cultural para Barracas. Mecenazgo y aportes para la restauración El Arzobispado porteño informó que acompañará la elaboración de proyectos para acceder al régimen de Mecenazgo de la Ciudad, una herramienta que permite financiar iniciativas culturales mediante aportes privados. La convocatoria correspondiente a 2027 todavía no está abierta y, habitualmente, la presentación de la documentación se realiza durante marzo. Mientras se avanza con la evaluación técnica y se buscan alternativas de financiamiento, quienes deseen colaborar con el mantenimiento del templo pueden comunicarse directamente con el rector. Peteira explicó que las tareas cotidianas se sostienen, en buena medida, gracias a la colaboración de vecinos y de personas interesadas en preservar el patrimonio. Un patrimonio que busca mantenerse en pie La iglesia Santa Felicitas abre sus puertas de jueves a sábado por la tarde y los domingos por la mañana. El rector señaló que no es posible mantener el edificio abierto de manera permanente debido a la presencia de objetos artísticos de gran valor y a la necesidad de prevenir robos. Las visitas guiadas se realizan mediante aportes voluntarios y, según aclaró, no tienen una finalidad comercial. La recuperación del templo representa un desafío que excede el mantenimiento de un edificio religioso. Se trata de preservar una construcción ligada a la historia de Buenos Aires, a una tragedia familiar que atravesó a la sociedad porteña del siglo XIX y a un patrimonio artístico que permanece en Barracas desde hace un siglo y medio. Con las primeras inspecciones, el Arzobispado buscará determinar qué obras son prioritarias y cuánto costará evitar que el deterioro avance. La expectativa de la comunidad es que esta vez los anuncios se traduzcan en intervenciones concretas y que Santa Felicitas pueda conservarse para las próximas generaciones. Notícias