Vecinos de la calle Irala cuestionan la pérdida de dos ombúes y apuntan a la Ley 2240 Conexion Ciudad, 2 octubre, 20262 octubre, 2026 Vecinos de la calle Irala, en La Boca, expresaron su indignación por la pérdida de dos ombúes y cuestionaron la manera en que se abordó el conflicto entre la necesidad de generar viviendas y la preservación de los espacios verdes. Sostienen que la Ley de Emergencia Urbanística y Ambiental de La Boca ya contemplaba alternativas para intervenir sobre inmuebles ociosos sin avanzar sobre espacios verdes considerados irremplazables. La pérdida de dos ombúes en la calle Irala, en el barrio de La Boca, volvió a poner sobre la mesa una discusión que desde hace tiempo atraviesa a vecinos y organizaciones vinculadas con el desarrollo urbano de la zona: cómo garantizar el acceso a la vivienda sin resignar los pocos espacios verdes disponibles en un sector de la Ciudad donde cada metro cuadrado adquiere un valor particular. La reacción de los vecinos fue de profundo malestar y tristeza. Para quienes vienen siguiendo el tema desde hace más de un año, lo ocurrido no puede explicarse simplemente como una confrontación entre el derecho a la vivienda y el derecho a un ambiente saludable. Por el contrario, sostienen que esa contraposición resulta innecesaria porque, según su interpretación, ya existían herramientas legales y alternativas urbanísticas para abordar ambos problemas simultáneamente. El eje del reclamo está puesto en la Ley 2240, normativa que declaró la Emergencia Urbanística y Ambiental de La Boca y que estableció mecanismos destinados a promover la recuperación del barrio. Entre sus herramientas se contempló el relevamiento de inmuebles ociosos con el objetivo de favorecer su incorporación a la trama urbana y generar condiciones para la recuperación habitacional y edilicia. Desde la perspectiva de los vecinos que cuestionan lo ocurrido en Irala, esa normativa ofrecía un camino diferente al de avanzar sobre espacios verdes. La propuesta, según plantean, consistía en recuperar y poner en valor inmuebles existentes, evitando que la solución al déficit habitacional terminara significando la pérdida de áreas verdes que, una vez eliminadas, difícilmente puedan ser restituidas. Un conflicto que los vecinos consideran evitable La discusión adquiere una dimensión mayor porque, según los vecinos, la desaparición de los dos ombúes era una consecuencia que podía haberse evitado. En su planteo, no existía una contradicción inevitable entre construir viviendas y preservar el ambiente, sino la necesidad de analizar distintas alternativas de intervención urbana. El cuestionamiento alcanza también a los mecanismos institucionales vinculados con la aplicación de la normativa. Los vecinos apuntan particularmente al funcionamiento de la Unidad Ejecutora PRUA La Boca y a la representación de la sociedad civil dentro de ese ámbito. Según sostienen, la participación ciudadana debería contemplar una mirada integral sobre los problemas del barrio y no limitarse a validar decisiones una vez que los conflictos ya se encuentran planteados. En ese sentido, consideran que la representación vecinal debería tener un papel más activo en la planificación y en la búsqueda de soluciones antes de que se produzcan intervenciones irreversibles. El reclamo también se vincula con la situación histórica de los espacios verdes de La Boca. Los vecinos señalan que el barrio arrastra desde hace décadas un déficit ambiental y urbano, producto de transformaciones, ventas y modificaciones que redujeron la disponibilidad de superficies destinadas al uso comunitario. Por esa razón, sostienen que la pérdida de ejemplares de gran porte no puede analizarse únicamente como un hecho aislado. Para quienes viven y trabajan en la zona, cada árbol y cada espacio verde adquieren una importancia adicional en un barrio donde las posibilidades de incorporar nuevas superficies ambientales son limitadas. Vivienda y ambiente, un debate que no debería ser excluyente Uno de los principales puntos planteados por los vecinos es que el acceso a una vivienda digna constituye una necesidad concreta, pero no necesariamente debe resolverse a costa de la eliminación de espacios verdes. En su mirada, presentar la discusión como una disputa entre ambos derechos termina simplificando un problema urbano mucho más complejo. El desafío, sostienen, consiste en encontrar mecanismos que permitan atender la demanda habitacional y, al mismo tiempo, conservar aquellos espacios que cumplen una función ambiental y social. En este punto, la Ley 2240 aparece como el instrumento que los vecinos consideran subutilizado. El relevamiento de inmuebles ociosos y la posibilidad de recuperar sectores deteriorados del barrio son mencionados como herramientas que podrían contribuir a una política de vivienda sin avanzar sobre terrenos o espacios verdes estratégicos. “Había soluciones, aunque fueran más complejas”, es una de las ideas centrales que atraviesa el planteo vecinal. La crítica no apunta solamente al resultado final, sino también al proceso que condujo hasta él y a la falta de respuestas que, según denuncian, recibieron durante el último año. Los vecinos aseguran que habían advertido con anticipación sobre el riesgo y que realizaron distintas gestiones para intentar revertir la situación. Sin embargo, consideran que las advertencias no fueron suficientes para impedir lo que hoy describen como un daño irreversible. El reclamo después de los hechos Con los dos ombúes ya fuera de escena, el tono del reclamo cambió. Hay indignación, pero también una sensación de cierre frente a una situación que los vecinos consideran que ya no puede repararse. “Estamos dolidos pero tranquilos porque alertamos hace más de un año”, expresaron al referirse a las gestiones realizadas. En ese sentido, remarcan que hicieron lo que estaba a su alcance para advertir sobre las consecuencias de la decisión y cuestionan que algunas organizaciones o personas que comparten históricamente las mismas preocupaciones ambientales no hayan acompañado el reclamo de la manera que esperaban. El conflicto deja así una discusión abierta para el futuro de La Boca. Qué hacer con los inmuebles ociosos, cómo generar vivienda, de qué manera recuperar sectores degradados y cómo preservar los espacios verdes existentes son cuestiones que forman parte de una misma problemática urbana. Para los vecinos de Irala, el episodio de los dos ombúes constituye una señal de alarma. No sólo por los árboles perdidos, sino porque consideran que muestra las dificultades para aplicar de manera integral las herramientas previstas para la recuperación del barrio. La frase que resume su posición es contundente: “La vergüenza no es nuestra, la pérdida es de todos”. Detrás de ese reclamo queda planteado un debate que excede la calle Irala y vuelve a interpelar las políticas urbanas de La Boca: cómo construir una ciudad que atienda las necesidades habitacionales sin considerar descartables aquellos espacios ambientales que, una vez destruidos, no pueden recuperarse con facilidad. Notícias