Polémica en Barracas por el cambio de California Conexion Ciudad, 14 septiembre, 2026 La Legislatura porteña aprobó reemplazar el nombre de un tramo de la calle California por José Luis Cabezas, en homenaje al fotógrafo asesinado en 1997. La decisión cosechó críticas de vecinos y organizaciones históricas del barrio, que cuestionan la falta de consulta y sostienen que se modificó una denominación con 170 años de historia. La decisión de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires de cambiar el nombre de un tramo de la calle California por José Luis Cabezas abrió una discusión que excede el homenaje al reportero gráfico asesinado en 1997. Mientras el reconocimiento a la figura de Cabezas genera un amplio consenso, vecinos de Barracas y referentes de la historia barrial cuestionaron el procedimiento utilizado para modificar una denominación tradicional que lleva alrededor de 170 años vinculada con la identidad del barrio. La iniciativa fue sancionada el pasado 3 de septiembre, con 47 votos afirmativos y 14 abstenciones correspondientes a integrantes del bloque de La Libertad Avanza. La modificación establece que el tramo comprendido entre las alturas 2100 y 3400 de la calle California pase a denominarse José Luis Cabezas. Además, se dispuso la colocación de una placa alusiva en la esquina con Santa Elena. El cambio fue impulsado por la Editorial Perfil, empresa que tiene desde 2015 su edificio en California 2731 y que promovió la modificación de la nomenclatura. La iniciativa generó una reacción crítica entre vecinos que consideran que una decisión de esta naturaleza debería haber contemplado de manera más amplia la opinión de quienes viven en el sector y conocen la historia del lugar. El debate, en ese sentido, no gira alrededor de la figura de Cabezas. El homenaje al fotógrafo y trabajador de prensa asesinado durante el verano de 1997 no aparece cuestionado por quienes se oponen al cambio de nombre. El punto de conflicto es otro: qué criterios deben utilizarse para modificar una denominación histórica y cuánto peso debe tener la opinión de los vecinos frente a una decisión tomada en el ámbito legislativo. Barracas cuenta con una identidad construida a lo largo de más de dos siglos. Su historia está vinculada con las antiguas quintas de la zona sur de Buenos Aires, el crecimiento de las actividades relacionadas con el procesamiento de cueros y, posteriormente, con un importante desarrollo industrial. Las calles, edificios y espacios públicos forman parte de esa memoria colectiva y, para muchos vecinos, sus nombres también son parte de ese patrimonio. En ese marco, la historia particular de California adquiere una importancia especial. El nombre de la calle no nació como homenaje al estado norteamericano, pese a que esa pueda ser la interpretación más inmediata para quienes desconocen su origen. Lucas Yáñez, integrante de la Junta de Estudios Históricos de Barracas, explicó que la denominación surgió de una circunstancia vinculada con la vida cotidiana del barrio y con una historia transmitida entre generaciones. Según relató, un grupo de trabajadores que se encontraba realizando tareas de rectificación de la calle encontró enterrados una serie de objetos de valor. El hallazgo coincidió con el período de la denominada fiebre del oro de California, que había despertado un fuerte impacto en el imaginario popular de mediados del siglo XIX. A partir de aquella situación, los trabajadores comenzaron a referirse al lugar con una expresión que terminó incorporándose al lenguaje cotidiano: “vamos a la California”, en referencia a la zona donde realizaban sus tareas. Con el paso del tiempo, aquella denominación popular terminó siendo reconocida por las autoridades municipales y se convirtió en el nombre oficial de la calle. Ese origen es uno de los argumentos que utilizan quienes cuestionan la modificación. Para los referentes barriales, California no representa simplemente una palabra en un cartel de nomenclatura urbana, sino una denominación surgida de la propia historia popular de Barracas. La discusión también plantea un interrogante más amplio sobre la manera en que se toman decisiones relacionadas con los nombres de las calles porteñas. Cambiar una denominación implica modificar direcciones, documentación, referencias comerciales y, fundamentalmente, una parte de la forma en que los vecinos identifican su territorio. En el caso de Barracas, la controversia adquiere una dimensión particular porque se trata de uno de los barrios con mayor riqueza histórica de la Ciudad. Sus calles fueron acompañando las distintas etapas de transformación urbana, desde las antiguas quintas hasta la consolidación de un perfil industrial y, posteriormente, residencial y comercial. Los vecinos críticos de la medida sostienen que la modificación fue inconsulta con el barrio y que no se habrían cumplido todos los pasos legales que consideran necesarios para avanzar con el cambio de nomenclatura. La discusión sobre el procedimiento se suma así al debate sobre la oportunidad y conveniencia de reemplazar un nombre tradicional. La nueva denominación tendrá vigencia sobre una parte de California y no sobre la totalidad de la arteria. El tramo seleccionado se extiende entre las alturas 2100 y 3400, mientras que en la esquina de Santa Elena se instalará una placa destinada a recordar a Cabezas. La figura del fotógrafo ocupa un lugar significativo en la historia reciente del periodismo argentino. Su asesinato, ocurrido en enero de 1997, provocó una enorme repercusión pública y se convirtió en un símbolo de la defensa de la libertad de prensa. Por eso, para quienes participan de la discusión, el reconocimiento a Cabezas y la defensa de la identidad histórica de California no necesariamente deberían ser cuestiones enfrentadas. La polémica instalada en Barracas abre justamente esa discusión. ¿Es posible homenajear a una figura como José Luis Cabezas sin borrar una denominación histórica del barrio? ¿Era necesario modificar una calle o podían buscarse otras alternativas? Son preguntas que ahora forman parte del debate entre vecinos, historiadores y autoridades. Mientras la nueva denominación comienza a incorporarse al mapa porteño, Barracas enfrenta una discusión sobre memoria, identidad y pertenencia. La figura de Cabezas quedará asociada a un sector del barrio, pero el cambio también dejó planteado un reclamo de quienes consideran que las calles no son sólo nombres oficiales: son parte de la historia cotidiana de quienes las transitan y las habitan desde hace generaciones. Notícias