La Boca: tensión por un desalojo en Necochea Conexion Ciudad, 8 septiembre, 2026 Cinco familias que viven en un inmueble de Necochea al 1200 denunciaron que fueron notificadas de la necesidad de abandonar la vivienda ante un supuesto riesgo de derrumbe. Los vecinos cuestionan el procedimiento y advierten que se trata de una nueva presión sobre habitantes históricos del barrio. Una mañana cargada de tensión se vivió en La Boca, donde vecinos y vecinas del inmueble ubicado en Necochea 1247 denunciaron la presencia de efectivos de la Policía de la Ciudad dentro de la propiedad y el inicio de un procedimiento que, según sostienen, podría terminar con el desalojo de las familias que actualmente ocupan el lugar. De acuerdo con el relato de los habitantes, el argumento utilizado para disponer el desalojo estaría relacionado con un supuesto peligro de derrumbe del inmueble. La situación generó preocupación entre las cinco familias que viven allí y que, según manifestaron, son inquilinos que pagan regularmente sus alquileres desde hace años. El conflicto no se limita, sin embargo, a la discusión sobre el estado edilicio de la propiedad. Para los vecinos, detrás de este tipo de intervenciones existe una problemática más amplia vinculada con el acceso a la vivienda y con las transformaciones que atraviesa La Boca desde hace años. Los habitantes sostienen que ellos mismos venían realizando tareas de mantenimiento y arreglos necesarios en la vivienda, pese a las dificultades que implica conservar un inmueble antiguo. Por eso cuestionan que, en lugar de avanzar en soluciones que permitan garantizar condiciones adecuadas de habitabilidad, la respuesta haya sido plantear el abandono de la propiedad. La presencia policial durante la mañana profundizó la incertidumbre. Las familias quedaron frente a una situación que puede modificar de manera abrupta sus condiciones de vida y obligarlas a buscar una alternativa habitacional en un contexto marcado por el aumento de los alquileres y la dificultad para acceder a una vivienda dentro del barrio. El caso volvió a instalar, además, una discusión que atraviesa buena parte de La Boca: qué lugar tendrán los vecinos históricos en un barrio que atraviesa un acelerado proceso de transformación urbana. Desde hace años, organizaciones sociales, entidades barriales y habitantes de la zona vienen expresando su preocupación por el avance de proyectos inmobiliarios y por el encarecimiento de las propiedades y los alquileres. La discusión excede cada inmueble puntual y se relaciona con el modelo de desarrollo que se pretende para el sur de la Ciudad de Buenos Aires. En ese escenario, los vecinos de Necochea 1247 consideran que el procedimiento puede convertirse en otro episodio de una problemática mayor. Su principal preocupación es quedar en la calle después de años de haber construido allí su vida cotidiana, especialmente cuando aseguran que han cumplido con el pago de los alquileres y que incluso participaron de las tareas necesarias para mantener la vivienda. Las denuncias formuladas por los habitantes apuntan directamente contra el Gobierno porteño. Según sostienen, la declaración o advertencia sobre eventuales riesgos edilicios puede terminar funcionando como una herramienta para desalojar inmuebles ocupados y modificar el perfil habitacional de determinadas zonas. Estas afirmaciones forman parte del planteo de los vecinos y deberán ser contrastadas con los informes técnicos correspondientes y con las actuaciones oficiales que determinaron la intervención. La existencia o no de un riesgo estructural, en definitiva, requiere evaluaciones profesionales que permitan determinar las condiciones reales de seguridad del edificio y las medidas que correspondan. Pero mientras esa discusión técnica avanza, existe una consecuencia concreta: cinco familias enfrentan la posibilidad de tener que abandonar el lugar donde viven. La situación también pone sobre la mesa la necesidad de que cualquier intervención sobre viviendas habitadas contemple alternativas para quienes podrían quedar afectados. El problema habitacional no desaparece cuando una familia deja un inmueble. Por el contrario, puede trasladarse a otra dirección y agravarse si no existen soluciones accesibles. En La Boca, además, el tema adquiere una dimensión particular. Se trata de uno de los barrios con mayor identidad histórica de Buenos Aires, pero también de una zona que en las últimas décadas experimentó fuertes modificaciones en el valor del suelo, la actividad inmobiliaria y la composición de su población. El fenómeno conocido como gentrificación suele describir precisamente esos procesos mediante los cuales determinados barrios se valorizan y atraen nuevas inversiones y habitantes con mayor capacidad económica, mientras los residentes de menores ingresos enfrentan crecientes dificultades para permanecer en ellos. Para las familias de Necochea 1247, esa discusión dejó de ser una cuestión teórica. El conflicto se convirtió en una amenaza concreta sobre su continuidad en el barrio. La consigna planteada por los vecinos —“El nuevo Paseo Necochea, el paseo de los desalojos”— expresa el temor de que detrás de las transformaciones urbanas exista un proceso de desplazamiento de quienes históricamente habitaron la zona. La frase funciona como una denuncia política y social frente a un escenario que, según sostienen, podría terminar privilegiando los intereses inmobiliarios por sobre el derecho a permanecer en el lugar elegido para vivir. El episodio de Necochea 1247 se suma así a una discusión mucho más amplia sobre vivienda, urbanización y derecho a la ciudad. En una Buenos Aires donde conseguir un alquiler se convirtió en un desafío para numerosos hogares, cualquier desalojo o desplazamiento puede tener consecuencias difíciles de revertir. Por ahora, las familias esperan respuestas y certezas sobre su situación. Reclaman conocer con precisión cuáles son los informes que fundamentan la intervención, qué medidas se adoptarán sobre el inmueble y, fundamentalmente, qué alternativa tendrán quienes viven allí si finalmente deben abandonar sus hogares. La discusión recién comienza. Lo que está en juego no es solamente el destino de una propiedad ubicada en Necochea al 1200. Para sus habitantes, es la posibilidad de seguir viviendo en La Boca después de años de formar parte de la vida cotidiana del barrio. Mientras las transformaciones urbanas avanzan, el caso vuelve a plantear una pregunta que atraviesa a numerosos barrios porteños: cómo modernizar una ciudad sin que ese proceso termine expulsando precisamente a quienes la habitan desde hace décadas. Notícias